Muchas personas que han vivido una experiencia difícil pueden explicar perfectamente lo que ocurrió.
Saben cuándo empezó.
Saben por qué les afectó.
Incluso pueden entender cómo les ha influido con el tiempo.
Y aun así, siguen reaccionando en determinadas situaciones con miedo, bloqueo o una intensidad que no parece tener sentido en el presente.
Esto ocurre porque comprender una experiencia no implica necesariamente haberla procesado.
Desde el punto de vista cognitivo, algo puede estar claro.
Pero a nivel emocional o fisiológico, el sistema nervioso puede seguir respondiendo como si esa situación continuara siendo una amenaza.
Es decir: puedes saber que algo ya ha pasado… y que tu cuerpo no lo sepa todavía.
EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) es un abordaje psicoterapéutico que ayuda al cerebro a procesar recuerdos que han quedado almacenados de forma disfuncional tras haber vivido situaciones difíciles o traumáticas.
Cuando una experiencia resulta emocionalmente desbordante, nuestro sistema nervioso puede no integrarla correctamente. El recuerdo queda entonces “congelado”, junto con:
y creencias negativas sobre uno mismo (por ejemplo: “no valgo”, “no tengo control”, “no estoy a salvo”)
Aunque el evento haya terminado, el cuerpo sigue reaccionando como si el peligro continuara presente.
EMDR facilita que ese recuerdo se reprocesa de forma adaptativa, reduciendo su intensidad emocional y permitiendo que deje de interferir en la vida actual.
Durante las sesiones se utiliza estimulación bilateral (movimientos oculares, sonidos alternos o tapping). Esta estimulación activa mecanismos naturales de procesamiento de la información, similares a los que se producen durante la fase REM del sueño.
A medida que el recuerdo se procesa:
Se integran nuevas percepciones más adaptativas
No se trata de olvidar lo que ocurrió, sino de que deje de vivirse como si estuviera ocurriendo ahora.
Aunque EMDR se desarrolló inicialmente para el tratamiento del trauma psicológico, actualmente se utiliza también en:
Bloqueos emocionales
En muchas ocasiones, las dificultades actuales tienen su origen en experiencias pasadas que no llegaron a integrarse adecuadamente.
La terapia EMDR se estructura en ocho fases que permiten trabajar de forma segura y progresiva:
Historia clínica
Preparación
Evaluación
Desensibilización
Instalación
Escaneo corporal
Cierre
Reevaluación